Viaggio Apostolico di Papa Francesco a Panamá in occasione della XXXIV Giornata Mondiale della Gioventù (23-28 gennaio 2019) – Incontro con i volontari della GMG nello Stadio Rommel Fernández Juan Díaz

 

Incontro con i Volontari della GMG nello Stadio Rommel Fernández Juan Díaz

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Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Nel pomeriggio, dopo essersi congedato dal personale della Nunziatura Apostolica di Panamá, il Santo Padre Francesco si è trasferito in auto allo Stadio Rommel Fernández Juan Díaz per incontrare i volontari della GMG. Al Suo arrivo, il Papa è stato accolto dall’Arcivescovo di Panamá che lo ha accompagnato su una mini-vettura all’interno dello stadio per il giro tra i fedeli presenti.

Alle ore 16.10 locali (22.10 ora di Roma) ha avuto luogo l’incontro con i volontari della Giornata Mondiale della Gioventù. Dopo l’indirizzo di saluto del Coordinatore Generale della GMG, hanno avuto luogo le testimonianze di un giovane volontario proveniente dalla Polonia, di un giovane volontario panamense e il saluto di un volontario proveniente dal Portogallo, Paese che ospiterà la prossima GMG.

Dopo le parole di ringraziamento dell’Arcivescovo di Panamá, il Santo Padre ha pronunciato il discorso. Al termine, dopo la preghiera e la benedizione finale, Papa Francesco si è trasferito in auto all’aeroporto internazionale di Tocumen per il congedo da Panamá.

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha pronunciato nel corso dell’incontro con i volontari:

Discorso del Santo Padre

Queridos voluntarios:

Antes de finalizar esta Jornada Mundial de la Juventud, quise encontrarme con ustedes para agradecerles a cada uno el servicio que han realizado durante estos días y en los últimos meses que precedieron a la Jornada.

Gracias a Bartosz, Stella Maris del Carmen y Maria Margarida por compartir sus experiencias en primera persona. Para mí fue muy importante escucharlos y darme cuenta de la comunión que se genera cuando nos unimos para servir a los demás. Experimentamos cómo la fe adquiere un sabor y una fuerza completamente nueva: la fe se vuelve más viva, más dinámica y más real. Se experimenta una alegría – se está viendo aquí – una alegría distinta por haber tenido la oportunidad de trabajar codo a codo con otros para lograr un sueño común. Sé que todos ustedes han experimentado todo esto.

Ustedes ahora saben cómo palpita el corazón cuando se vive una misión, y no porque alguien se los contó, sino porque lo vivieron. Tocaron con su propia vida que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn 15,13).

También han tenido que vivir momentos duros que les exigió algún que otro sacrificio. Como nos decías, Bartosz, uno también experimenta las propias debilidades. Lo bueno es que estas debilidades no te detuvieron en tu entrega ni se volvieron lo central, ni lo más importante. Las experimentaste en el servicio, sí; intentando entender y servir a los otros voluntarios y peregrinos, sí; pero tuviste la valentía de que esto no te frenara, no te paralizara, seguiste adelante. Que nuestros límites y nuestras debilidades no nos paralicen, seguir adelante con nuestros defectos – ya los corregiremos -, con nuestras debilidades, para seguir adelante y así es la belleza de sabernos enviados, la alegría de saber que por encima de todos los inconvenientes tenemos una misión que llevar adelante. No dejar que las limitaciones, las debilidades e incluso los pecados nos frenen e impidan vivir la misión, porque Dios nos invita a hacer lo que podamos y a pedir lo que no podemos, sabiendo que su amor nos va tomando y transformando de manera progresiva (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). No se asusten si ven sus debilidades, no se asusten incluso si ven sus pecados, se levantan y adelante, siempre adelante. No se queden caídos, no se cierren, vayan adelante con lo que tengan encima, vayan adelante, que Dios sabe perdonar todas las cosas. Aprendamos de tantos que como Bartosz pusieron el servicio y la misión en primer lugar, el resto vas a ver que vendrá por añadidura.

Gracias a todos, porque en estos días han estado atentos y pendientes hasta de los más pequeños, los más cotidianos y hasta los más aparentemente insignificantes detalles, como ofrecer un vaso de agua, y ―a la vez― atendieron las cosas más grandes que requerían mucha planificación. Han preparado cada detalle con alegría, creatividad y compromiso, y con mucha oración. Porque las cosas rezadas se sienten y se viven con hondura. La oración le da espesura, le da vitalidad a todo lo que hacemos. Rezando descubrimos que somos parte de una familia más grande de lo que podemos ver e imaginar. Rezando le “abrimos la jugada” a la Iglesia que nos sostiene y acompaña desde el cielo, a los santos y santas que nos han marcado el camino, pero sobre todo rezando “le abrimos la jugada” a Dios para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer.

Ustedes han querido dedicar su tiempo, su energía, recursos, a soñar y armar este encuentro. Podrían perfectamente haber optado por otras cosas, ustedes quisieron comprometerse. Esa palabra que la quieren borrar: compromiso. Eso los hace crecer, eso los agiganta, como estén, pero compromiso. Dar lo mejor de sí para hacer posible el milagro de la multiplicación no solo de los panes sino de la esperanza. Y ustedes dando lo mejor de sí, comprometiéndose, hacen el milagro de la multiplicación de la esperanza. Necesitamos multiplicar la esperanza. ¡Gracias, gracias por todo eso! Y en esto demuestran una vez más, que es posible renunciar a los propios intereses en favor de los demás. Como también lo hiciste tú, Stella Maris. Yo había leído los testimonios ante, por eso pude escribir esto, y cuando leí el tuyo sentí algo como ganas de llorar. Renunciaste a tus intereses, habías juntado pesito a pesito para poder participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, pero renunciaste para ir a cubrir el sufragio de tus tres abuelos. Renunciaste para honrar tus raíces y eso te hace mujer, te hace adulta, te hace valiente. Renunciaste a participar en algo que te gustaba y que habías soñado para poder ayudar y acompañar a tu familia, para honrar tus raíces, para poder estar ahí; y el Señor, sin que vos lo esperaras ni lo pensaras, te estaba preparando el regalo de la Jornada Mundial de la Juventud en tu tierra. Al Señor le gusta hacer estos chistes, al Señor le gusta responder de esta manera a la generosidad, siempre gana en generosidad: Vos le das un poquito así y Él te da un montón así. Así es el Señor, qué le vamos a hacer, así nos quiere. Como Stella Maris, muchos de ustedes también realizaron renuncias de todo tipo. Tantos de ustedes renunciaron… Piensen ahora, a qué renuncié yo para meterme de voluntario. Piensen un minuto. Ustedes con lo que han pensado han tenido que postergar sueños para cuidar su tierra y sus raíces. Eso siempre el Señor lo bendice, no se deja ganar en generosidad. Cada vez que postergamos algo que nos gusta por el bien de los otros y especialmente por los más frágiles, o por el bien de nuestras raíces como son nuestros abuelos y nuestros ancianos, el Señor lo devuelve ciento por uno. Te gana en generosidad, porque nadie le puede ganar a Él en generosidad, nadie lo puede superar en amor. Amigos: den y se les dará, y experimentarán cómo el Señor «les volcará sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante» (Lc 6,38), como dice el Evangelio.

Queridos amigos, han tenido una experiencia de fe más viva, más real; han vivido la fuerza que nace de la oración y la novedad de una alegría diferente fruto del trabajo codo a codo incluso con personas que no conocían. Ahora llega el momento del envío: vayan cuenten, vayan testimonien, vayan contagien lo que han visto y oído. Y esto no lo hagan con muchas palabras sino, como lo hicieron aquí, con gestos simples y con gestos cotidianos, esos que transforman y hacen nuevas todas las cosas, esos gestos capaces de armar lio, un lio constructivo, un lio de amor. Les cuento una cosa, cuando venía el primer día por el camino había una señora con un bonete, una señora mayor ya, abuela, ahí en la reja por donde yo pasaba con el auto y tenía un cartel que decía: “Nosotras las abuelas también sabemos armar lio”. Y ponía: “Con sabiduría”. Júntense con los abuelos para armar lio, va a ser un lio contundente, un lio genial, no el tengan miedo, vayan y hablen. Me parecía muy viejita la señora y le pregunté la edad: tenía 14 años menos que yo, qué vergüenza.

Pidámosle al Señor su bendición. Que bendiga a sus familias y a sus comunidades y a todas las personas con las que ustedes se van a encontrar en el futuro próximo. Pongamos también bajo el manto de la Virgen Santa nuestro corazón, lo que siente nuestro corazón. Que ella los acompañe. Y como les dije en Cracovia, yo no sé si en la próxima Jornada Mundial de la Juventud voy a estar, pero les aseguro que Pedro va a estar y los va a confirmar en la fe. Sigan adelante, con coraje y valentía y, por favor -soy pecador de alma-, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

Oración

Y ahora les doy la bendición. Ponemos en nuestro corazón lo que somos, lo que deseamos, a las personas con las cuales trabajamos en este tiempo, a los otros voluntarios, a la gente que hemos visto. Ponemos en nuestro corazón a los amigos para que reciban la bendición; y también ponemos en nuestro corazón a los que no nos quieren, a los enemigos, cada uno de nosotros tiene alguno, para que Jesús los bendiga también, y todos juntos podamos ir adelante.

Bendición

[00120-ES.02] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Cari volontari:

Prima di terminare questa Giornata Mondiale della Gioventù, ho voluto incontrarmi con tutti voi per ringraziare ciascuno del servizio che avete compiuto in questi giorni e durante gli ultimi mesi che hanno preceduto la Giornata.

Grazie a Bartosz, Stella Maris del Carmen e Maria Margarida per aver condiviso le loro esperienze in prima persona. Per me è stato molto importante ascoltarvi e rendermi conto della comunione che si crea quando ci uniamo per servire gli altri! Sperimentiamo come la fede acquista un sapore e una forza completamente nuovi: la fede diventa più viva, più dinamica e più reale. Si sperimenta una gioia – lo vediamo qui – una gioia diversa, per aver avuto l’opportunità di lavorare fianco a fianco con gli altri per raggiungere un sogno comune. So che tutti voi avete sperimentato tutto questo.

Voi ora sapete come batte il cuore quando si vive una missione, e non perché qualcuno ve l’ha raccontato, ma perché l’avete vissuto. Avete toccato con mano che «nessuno ha un amore più grande di questo: dare la vita per i propri amici» (Gv 15,13).

Avete dovuto anche vivere momenti duri che vi hanno richiesto diversi sacrifici. Come ci dicevi, Bartosz, uno sperimenta anche le proprie debolezze. Il bello è che queste debolezze non ti hanno fermato nel tuo impegno e nemmeno sono diventate la cosa centrale, né la più importante. Le hai sperimentate nel servizio, sì; cercando di capire e di servire gli altri volontari e i pellegrini, certo; però hai avuto il coraggio di non farti frenare da questo, di non farti paralizzare, e sei andato avanti. Che i nostri limiti, le nostre debolezze non ci paralizzino! Andare avanti, con i nostri difetti – poi li correggeremo – con le nostre debolezze…, andare avanti, e così è la bellezza di saperci inviati, la gioia di sapere che al di sopra di tutti gli inconvenienti abbiamo una missione da portare avanti. Non lasciare che i limiti, le debolezze e nemmeno i peccati ci frenino e ci impediscano di vivere la missione, perché Dio ci chiama a fare quello che possiamo e a chiedere quello che non possiamo, sapendo che il suo amore ci prende e ci trasforma in maniera graduale (cfr Esort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). Non spaventatevi se vedete le vostre debolezze; non spaventatevi neanche se vedete i vostri peccati: rialzatevi e avanti, sempre avanti! Non rimanete a terra, non chiudetevi, andate avanti con quello che avete di più importante, andate avanti, che Dio sa perdonare ogni cosa! Impariamo da tanti che come Bartosz hanno messo il servizio e la missione al primo posto e il resto vedrai che verrà in aggiunta.

Grazie a tutti, perché in questi giorni siete stati attenti e disponibili fino ai più piccoli, ai più quotidiani e fino ai dettagli apparentemente più insignificanti, come offrire un bicchier d’acqua, e – contemporaneamente – avete seguito le cose più grandi che richiedevano molta pianificazione. Avete preparato ogni particolare con gioia, creatività e impegno, e con molta preghiera. Perché le cose pregate si sentono e si vivono in profondità. La preghiera dà spessore e vitalità a tutto quello che facciamo. Pregando scopriamo di far parte di una famiglia più grande di quanto possiamo vedere e immaginare. Pregando “apriamo il gioco” alla Chiesa che ci sostiene e ci accompagna dal cielo, ai santi e alle sante che ci hanno segnato il cammino, ma soprattutto pregando “apriamo il gioco” a Dio, perché Egli possa agire e possa entrare e possa vincere.

Avete voluto dedicare il vostro tempo, la vostra energia, le risorse a sognare e costruire questo incontro. Avreste perfettamente potuto scegliere altre cose, voi avete voluto impegnarvi. Questa parola, che vogliono cancellare: impegno. Questo vi fa crescere, questo vi fa diventare grandi, così come siete, ma impegno. Dare il meglio di sé per rendere possibile il miracolo della moltiplicazione non solo dei pani ma della speranza. E voi, dando il meglio di voi stessi, impegnandovi, fate il miracolo della moltiplicazione della speranza. Abbiamo bisogno di moltiplicare la speranza. Grazie! Grazie per tutto questo! E in questo dimostrate, ancora una volta, che è possibile rinunciare ai propri interessi a favore degli altri. Come hai fatto anche tu, Stella Maris. Io avevo letto le testimonianze prima, per questo ho potuto scrivere questo; e quando ho letto la tua ho sentito qualcosa come una voglia di piangere. Hai rinunciato ai tuoi interessi: avevi raccolto centesimo su centesimo per poter partecipare alla Giornata Mondiale della Gioventù a Cracovia, ma hai rinunciato per poter coprire le spese dei funerali dei tuoi tre nonni. Hai rinunciato per onorare le tue radici, e questo ti fa donna, ti fa adulta, ti fa coraggiosa. Hai rinunciato a partecipare a qualcosa che ti piaceva e che avevi sognato per poter aiutare e sostenere la tua famiglia, per onorare le tue radici, per poter essere lì; e il Signore, senza che te lo aspettassi né lo pensassi, ti stava preparando il regalo della Giornata Mondiale della Gioventù nella tua terra. Al Signore piace fare questi scherzi, al Signore piace rispondere in questo modo alla generosità: Lui sempre vince in generosità. Tu gli dai un pochino così, e Lui ti dà un mucchio così! Così è il Signore, che ci possiamo fare?, ci ama così. Come Stella Maris, anche molti di voi hanno fatto rinunce di ogni tipo. Tanti di voi avete fatto rinunce… Pensate adesso: a che cosa ho rinunciato io per diventare volontario? Pensateci un momento… Voi, con quello che avete pensato, avete dovuto accantonare sogni per prendervi cura della vostra terra e delle vostre radici. Questo il Signore lo benedice sempre, non si lascia vincere in generosità. Ogni volta che rinviamo qualcosa che ci piace per il bene degli altri e specialmente dei più fragili, o per il bene delle nostre radici come sono i nostri nonni e i nostri anziani, il Signore ce lo restituisce al cento per uno. Ti vince in generosità, perché nessuno può vincerlo in generosità, nessuno può superarlo nell’amore. Amici, date e vi sarà dato, e sperimenterete come il Signore vi verserà in grembo «una misura buona, pigiata, colma e traboccante» (Lc 6,38), come dice il Vangelo.

Cari amici, avete fatto un’esperienza di fede più viva, più reale; avete vissuto la forza che nasce dalla preghiera e la novità di una gioia diversa frutto del lavoro fianco a fianco anche con persone che non conoscevate. Adesso viene il momento dell’invio: andate, raccontate, andate, testimoniate, andate, trasmettete quello che avete visto e udito. E questo, non fatelo con tante parole ma, come avete fatto qui, con gesti semplici, con gesti quotidiani, quelli che trasformano e fanno nuove tutte le cose, quei gesti capaci di creare un “chiasso”, un “chiasso” costruttivo, un “chiasso” d’amore. Vi racconto una cosa: quando sono arrivato, il primo giorno, per la strada c’era una signora con un cappello, una signora anziana, una nonna; era lì, vicino alla recinzione dove io passavo con l’auto, e aveva un cartello che diceva: “Anche noi nonne sappiamo fare chiasso!”. E aggiungeva: “Con saggezza”. Unitevi ai nonni per fare “chiasso”, sarà un chiasso incisivo, un chiasso geniale! Non abbiate paura, andate e parlate. Mi sembrava tanto vecchietta la signora e le ho chiesto l’età: aveva 14 anni meno di me. Che vergogna!

Chiediamo al Signore la sua benedizione. Che benedica le vostre famiglie e le vostre comunità e tutte le persone che incontrerete nel prossimo futuro. Mettiamo anche sotto il manto della Vergine Santa il nostro cuore, quello che sente il nostro cuore. Che lei vi accompagni. E come vi ho detto a Cracovia, non so se ci sarò alla prossima Giornata Mondiale della Gioventù, ma vi assicuro che Pietro ci sarà e vi confermerà nella fede. Andate avanti, con forza e coraggio e, per favore – sono un’anima peccatrice –, non dimenticatevi di pregare per me. Grazie!

[Preghiera]

E adesso vi do la benedizione. Mettiamo nel nostro cuore quello che siamo, quello che desideriamo, le persone con cui abbiamo lavorato in questi giorni, gli altri volontari, la gente che abbiamo visto. Mettiamo nel cuore i nostri amici, perché ricevano anche loro la benedizione; e mettiamo nel nostro cuore anche quelli che non ci vogliono bene, i nemici – ognuno di noi ne ha qualcuno –, perché Gesù benedica anche loro; e tutti insieme possiamo andare avanti.

[Benedizione]

[00120-IT.02] [Testo originale: Spagnolo]

[B0072-XX.02]

from Bollettino Sala Stampa della Santa Sede http://bit.ly/2RV5Jeo

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